El jet privado de los Valkirion cortó las nubes plomizas sobre el cielo estadounidense con una elegancia que reflejaba el poder absoluto de sus dueños. Alaric Valkirion bajó la escalerilla sin prisa, sosteniendo el pomo de su bastón con una firmeza que denotaba su autoridad. Su rostro era una máscara de hielo que ocultaba un incendio de venganza. En su maletín de cuero no solo llevaba documentos financieros; llevaba el final de la dinastía Vanderbilt. No había venido a buscar una justicia rápid