19. A destiempo del Mundo
El sol descendía con pereza sobre Umbra Noctis, tiñendo los tejados de la ciudad con un resplandor ámbar. Las hojas de los árboles crujían suavemente bajo los pies, y el aire traía consigo un susurro de otoño. Ailén había pasado la tarde entera en la universidad sintiéndose distraída, como si su mente vagara a otra parte. Y en parte, lo hacía.
Raven la esperaba apoyado contra la vieja reja de la entrada principal, con las manos en los bolsillos y la mirada hacia el cielo, como si hablara en sile