73. Pequeñas rutinas
El sol ascendía lento sobre las montañas, derramando una luz dorada sobre los techos de madera y los caminos de tierra de Cárselin. Raven ya no despertaba con sobresaltos. Ya no se alzaba listo para atacar o huir. Ahora se incorporaba con calma, se estiraba como si su cuerpo, al fin, perteneciera a ese ritmo de tierra y humo.
Esa mañana, Kiara lo esperaba fuera de la cabaña. No dijo nada al verlo salir, solo le tendió un cesto vacío.
-- Vamos. Hoy aprenderás a reparar cercas --.
Raven la miró c