66. Las Voces de La Grieta
El insomnio no era algo nuevo para Ailén, pero esa noche no era simplemente una cuestión de sueños rotos.
Era algo más.
Abrió los ojos de golpe en medio de la oscuridad, con el pecho agitado y las manos temblorosas. Lo primero que notó fue el silencio denso que llenaba la habitación. Pero pronto, detrás de ese silencio, emergió un murmullo. Lejano. Gutural. Como si viniera desde el interior mismo de la piedra.
-- Ailén... Ailén... --
La voz no tenía cuerpo. No tenía emoción. Era como si un eco a