52. El final del Hombre Lobo
El bosque respiraba con la calma que solo la batalla terminada puede traer. El suelo estaba manchado de tierra y sangre, el viento movía las hojas caídas mientras los hombres lobos se mantenían en guardia. En el centro, Kael yacía en el suelo, débil, sus fuerzas agotadas, una herida profunda en su costado de la que manaba un hilo carmesí.
Raven, de pie frente a él, con la respiración entrecortada, sus ojos fijos en el cuerpo de aquel que había sido como un hermano, sostenía una espada de plata