103. La Canción del Eco Perdido
El aire era denso. Un susurro etéreo recorría las grietas del mundo en el que Ailén se encontraba atrapada. La bruma flotaba como un velo de seda desgarrado entre planos, temblando con cada paso que daba. Su cuerpo parecía liviano, casi incorpóreo, pero su mente ardía con preguntas sin respuesta. ¿Cuánto tiempo había pasado allí dentro? ¿Días, semanas... años?
Las paredes de aquella realidad distorsionada se curvaban como si respiraran. Ailén caminaba sobre un terreno que no era suelo, sino una