Azura
El entrenamiento comenzó con ejercicios básicos. Calentamiento, control de respiración, estiramientos. Nada que pareciera extraordinario… hasta que me di cuenta de que cada movimiento era una prueba. Theo no era indulgente. Me exigía precisión. Técnica. Y cuando fallaba —porque sí, fallé muchas veces—, lo corregía con paciencia, pero sin suavidad.
—Tu centro de equilibrio está muy alto —dijo, después de que caí por tercera vez durante un intento de giro defensivo—. Baja más las caderas. U