Seguimos en aquella posición hasta que llegamos al piso 52. Serena y su novio fueron los primeros en salir del ascensor y después nosotros. Se despidieron cortésmente y se encaminaron al restaurante, mientras que yo, nerviosa y horrorizada, apenas podía caminar por la impresión.
Dejé que Barnaby se adelantara unos pasos y me recargué en una columna para respirar. Agarré mi frente y sacudí la cabeza.
—Tengo que salir de aquí—dije y noté que había comenzado a sudar frío. ¿Cómo que su maldita nov