El lunes siguiente, Clara y Lucas regresaron a su rutina con energías renovadas. El fin de semana en la cabaña les había recordado la importancia de detenerse, respirar y reconectarse. Clara se instaló en su escritorio temprano, con una taza de café en una mano y su cuaderno en la otra. El deseo de escribir la embargaba, pero al intentar plasmar sus ideas en papel, todo parecía disperso.
Las frases comenzaban bien, pero se deshacían a mitad del camino. Volvía al inicio. Tachaba. Reescribía. Vol