El siguiente día amaneció despejado, con una brisa suave que agitaba las palmas de los árboles cercanos. El cielo tenía ese tono dorado que precede al amanecer, y el sonido distante del mar parecía una melodía constante, una promesa de calma. Clara despertó antes de que Lucas abriera los ojos. Había dormido profundamente, pero su cuerpo aún pedía moverse, respirar aire fresco, mirar el horizonte. Se levantó con cuidado, se puso una ligera bata y salió hacia la playa.
El aire salado le acarició