El día de la reunión llegó más rápido de lo que Clara había anticipado. Frente al armario abierto, sostenía dos vestidos en cada mano, incapaz de decidirse entre un atuendo casual y uno un poco más elegante. Lucas, recostado sobre la cama con una revista entre las manos, la observaba con una sonrisa divertida.
—No es una gala, amor —bromeó sin apartar la vista de ella—. Solo es una reunión con viejos amigos, no tienes que impresionar a nadie.
Clara suspiró, dejando caer una blusa sobre la cama