El despertador sonó temprano, marcando el inicio de un día lleno de tareas pendientes. Clara apagó la alarma con un gemido, resistiéndose a abandonar el calor de las sábanas. Afuera, la luz del amanecer apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas. Lucas, ya despierto, la observaba desde la puerta del baño, con una toalla colgando de su cuello y una sonrisa divertida en el rostro.
—Buenos días, señora Moretti —dijo con un guiño.
Clara, con los ojos entrecerrados, le lanzó una almohada sin leva