Faltaban apenas tres días para la boda, y Clara y Lucas se encontraban en el salón de eventos, dando los toques finales a la decoración junto a Ana, la encargada del montaje. El espacio, ubicado en una antigua casona con vista al mar, estaba comenzando a transformarse en el escenario de sus sueños. Las telas suaves colgaban del techo, las guirnaldas de luces estaban siendo colocadas con precisión, y las flores llenaban el aire con su aroma fresco y dulce.
Ana, una mujer de mediana edad con mano