Con la boda cada vez más cerca, Clara y Lucas sabían que aún tenían varias decisiones importantes por tomar. Una de las más esperadas —y también más deliciosas— era la elección del menú que compartirían con sus invitados. Clara deseaba que la comida no solo fuera sabrosa, sino que también transmitiera la calidez y la esencia del pueblo costero donde celebrarían su unión. Tenía claro que quería ofrecer algo auténtico, especial y que dejara una huella en la memoria de todos.
Esa mañana de sábado,