El día siguiente amaneció con un cielo despejado y una brisa suave que acariciaba las calles del pueblo costero. Clara despertó con una sonrisa al recordar que esa tarde visitarían el jardín de la playa que habían elegido como posible lugar para su boda. La idea de estar un paso más cerca de hacer realidad sus sueños la llenaba de emoción, pero también de un leve cosquilleo de nervios.
Después de un desayuno ligero con frutas y tostadas, Clara se sentó frente a su portátil para trabajar en su n