Punto de vista de EscarlataAl recuperar la consciencia, Lilia llevó instintivamente su mano al vientre. Su rostro se iluminó con alivio al sentir que los bebés seguían ahí, pero ese alivio fue fugaz.
—Srta. Lilia —Juan se acercó a su cama con cautela—. Ya hice los arreglos con el hospital del Consejo Unido de Lobos. Podemos marcharnos cuando esté lista.
—¿Marcharnos? —Lilia lo miró confundida—. ¿Para qué?
Noté a Juan ponerse incómodo. —Para la... intervención.
—¿Qué intervención? —su voz se queb