Al día siguiente, los rayos del sol que se filtraban por la ventana del aula resultaban punzantes y ruidosos para Leon. Su mente aún vagaba en el milagro de la noche anterior: la ceremonia, su hermanita y su aventura secreta con Clara. No podía esperar para contarle todos los detalles que ella se había perdido.
Sin embargo, el asiento a su lado estaba vacío.
Clara nunca faltaba.
La inquietud empezó a carcomer a Leon. Cuando el primer recreo estaba por terminar, un maestro entró.
—Tengo una noti