Al día siguiente, Aurora se detuvo frente al espejo, vestida con un traje formal negro de corte impecable. Su rostro estaba maquillado con precisión, sin excesos, lo justo para transmitir un mensaje claro: estaba lista para volver a luchar. Pero esta vez, su batalla ya no era para defender una posición.
Era para recuperar todo lo que Sebastian intentaba arrebatarle, incluido Leon.
—A partir de hoy, registraremos en secreto cada movimiento de Sebastian. Quiero acceso a todos los datos de los inversionistas con los que haya tenido contacto, incluso en sus canales privados. Incluye mensajes, llamadas y cenas de negocios.
Valerie asintió sin dudar.
—Me encargaré de ello, también del personal de logística y relaciones diplomáticas. ¿Estás segura de querer barrer toda su red?
—Quiero que se quede solo cuando exponga sus miserias ante el consejo.
En apenas dos días, Valerie formó un equipo en la sombra. Personas leales a quienes Aurora había ayudado en silencio, ahora reunían pruebas de las