Aurora finalmente se incorporó de la bañera; el agua caliente que resbalaba por su piel goteaba lentamente siguiendo las curvas de su cuerpo. Tomó la toalla que le ofrecía la sirvienta y se envolvió bien en ella. Sebastian solo la observaba, sus ojos siguiendo cada uno de sus movimientos.
—¿Ya terminaste? —preguntó Sebastian.
—No he venido aquí para jugar en el agua. Tenemos asuntos mucho más importantes.
—Entonces espero que esos asuntos no te hagan olvidarte de mí, Luna.
Aurora no respondió.