En el restaurante acristalado del último piso de la White Tower, el viento de primavera golpeaba los grandes ventanales. Dos sillones de cuero negro se enfrentaban, entre ellos un único tallo de rosa blanca fresca en un jarrón de cristal.
Aurora fue la primera en sentarse, llevaba el cabello recogido a medias, dejando algunos mechones sueltos que enmarcaban a propósito su hermoso rostro.
Sus manos se deslizaban por la pantalla de la tableta sobre su regazo. Varias gráficas bursátiles parpadeaba