Tres días después.
Frente a su escritorio de madera, la pantalla del portátil mostraba cientos de notificaciones de correos electrónicos esperando su firma: memorandos de reuniones, revisiones de informes financieros, invitaciones a encuentros de negocios, todo apilado sin fin.
Damian soltó un resoplido suave mientras se acomodaba la corbata. Su mano izquierda presionó su sien.
Solo tres días de descanso. ¡Tres días!
Detrás de la puerta gruesa de madera, se escucharon unos golpecitos suaves. Un