Voy hacia Flávia y la agarro por el cuello. Júlio y mi padre me contienen.
—¡Para, Davi! —dice mi padre, con la voz severa. —No pierdas la razón. Sabes que no puedes pegar a una mujer.
—No tengo la culpa de que te hayas casado con una zorra —dice Flávia, con la voz provocadora. —Que se deja para todos y aún se hace la víctima.
—Él no puede pegarle —dice Fernanda, con la voz fría. —Pero yo puedo.
Fernanda agarra a Flávia por el pelo, le da una zancadilla, haciéndola caer de boca al suelo. Se mon