Mara se levantó lentamente, ostentando una sonrisa que no llegaba a los ojos.
—Vaya... me enteré del trastorno en tu casa, Ernandes — su voz era pura falsedad.
—Pues sí, una locura... — completó la tal chica, recorriéndome a mí y a Jéssica con una clara cara de desdén.
—Ellas van a pasar la noche aquí — cortó Ernandes, seco. — Hasta que Davi termine la misión.
—Ya veo... — Mara cruzó los brazos, sin molestarse en ocultar su incomodidad. — La casa se convierte en refugio ahora.
—Siéntanse como e