Sentí ese dolorcito rico de la llenura total, y él se inclinó sobre mí, dando un beso cariñoso en mi espalda.
—¡Carajo... cómo extrañaba esta conchita apretada y caliente! — gruñó, empezando un movimiento lento y profundo. — MI concha.
Pero el cariño duró exactamente tres segundos. Davi cambió la llave a la fase que más amaba: el sexo bruto, animal, salvaje, sin filtros y sin tonterías.
Sujetó mi cintura con las dos manos grandes, trabando mi cuerpo, y comenzó a dar con una fuerza brutal. El so