—Isabella... — comenzó Mara, usando esa voz cargada de falsa piedad. — Supe que perdiste un bebé recientemente. Qué fastidio, ¿no? Pero también, siendo tan joven, a veces es hasta mejor...
—Mara — gruñó Ernandes desde la cocina. — ¿Puedes cambiar de tema?
Tragué saliva.
—No quiero hablar de eso — respondí seca.
La chica del sofá soltó una risita provocadora, cruzando las piernas y mirándome con descaro.
—¿Sabías que yo y Davi ya fuimos muy... asiduos? — soltó, pasándose la mano por el cabello.