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Los enfermeros y médicos llevan a Alice a la sala de emergencias, y Camila los acompaña. Me quedo parado en el pasillo, viendo cómo la camilla desaparece detrás de las puertas dobles. Mi corazón está apretado, y siento un nudo en la garganta.
Camila se gira hacia mí, con la expresión seria.
—Desde aquí no puedes pasar más —dice ella, con la voz firme.
—¡Pero es mi mujer! —protesto, con la voz desesperada.
—Yo voy a cuidar de ella —promete ella, con la voz calmada. —Y vamos a salvar al bebé.