Camila
El sonido del despertador a las seis de la mañana no era solo un ruido; era una afrenta personal a mi integridad física. Estiré la mano por fuera del edredón, tanteando la mesilla de noche con la gracia de un zombi intentando agarrar una empanada, hasta que finalmente aplasté el botón de repetición.
Dos minutos después, el hijo de puta sonó de nuevo.
—Odio la medicina. Odio la anatomía humana. Odio la idea de haber elegido salvar vidas en lugar de haberme convertido en heredera profesion