—Voy a pasar una temporada entera allí con ella, ya lo he decidido —intervino mi madre, golpeando el envase de mantequilla sobre la mesa con firmeza. —Voy a ayudar en el cumpleaños de Davi y me quedaré hasta que nazca el bebé.
—¿Y crees que Davi va a aceptar que su suegra viva en su apartamento? —cuestionó mi padre, frunciendo el ceño, escéptico. —Quiere su privacidad con su esposa.
—¿La privacidad para seguir siendo un imbécil? —espeté.
—¡Mira cómo hablas de tu hermano, Camila! —me advirtió mi