CAPITULO XXI

Anfisa quería hablar pero no podía, estaba sentada en la sala mientras Thomas hablaba en un tono fuerte y autoritario a sus empleados de seguridad y al personal. Anfisa se sintió culpable y se abrazó con la toalla que le había dado el mayordomo que se estaba llevando la mayor parte de los regaños, tenía que detenerlo.

Thomas había convocado a todos a la sala de estar, con el rostro lleno de ira y frustración mientras reprendía al personal. Estaba furioso, su voz era áspera mientras los regañaba
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Lupita Quevedo QuevedoDios bendito, esto cada día se pone más emocionante, de verdad que necesito más
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