El sonido no había terminado de morir cuando la casa reaccionó.
Pasos. Muchos. Voces bajas que intentaban no ser gritos. Un sirviente apareció desde el ala este, pálido, hablando rápido con otro mientras señalaba el pasillo. Alguien más corría escaleras arriba. Las lámparas temblaban todavía, oscilando apenas, como si la mansión misma estuviera conteniendo el aliento.
Su expresión había cambiado por completo. El hombre que hacía unos segundos había estado cerca, íntimo, casi vulnerable, se habí