Anfisa se mantenía sentada en uno de los sillones exteriores, envuelta por el cálido resplandor de las lámparas del jardín. Desde su lugar, podía ver cómo Thomas se deslizaba entre sus colegas, saludando con la precisión social que lo caracterizaba. Su copa de champán descansaba en la mesita a su lado, olvidada, mientras sus ojos lo seguían sin perder detalle.
La brisa le movía apenas los mechones sueltos que no había recogido del todo, y aunque el vestido que llevaba no era provocativo, tenía