El descenso hacia la base de la fosa de coral negro fue un viacrucis físico. Sin la resistencia de Silver, mis piernas se sentían pesadas y el frío de la arena húmeda se filtraba a través de mis botas, recordándome a cada paso que ahora era vulnerable. Pero no había tiempo para lamentarse. El aire en el fondo del desfiladero marino era espeso, impregnado de una energía ancestral que hacía que el vello de los brazos se erizara.
Lysander caminaba flanqueado por Kael y el líder del Arrecife Negro.