*—Callum:
A la mañana siguiente, Callum no se sentía mejor.
Se sentía peor.
Mucho peor.
El cuerpo le ardía por dentro, como si algo estuviera reacomodándose bajo su piel, retorciéndose en silencio. Le dolía la cabeza, le palpitaban las sienes, y sus entrañas… sus entrañas no se sentían como suyas. Había una incomodidad latente, un calor que subía desde lo más profundo y lo desestabilizaba.
No obstante, no podía quedarse ahí. Tenía que levantarse. Tenía que seguir, aunque lo único que que