*—Dominick:
Necesitaba a su omega.
Dominick tiró de su corbata con un gruñido y la lanzó sobre la cama del hotel. Su cuerpo ardía de frustración, de deseo contenido, de esa necesidad visceral que no le daba tregua desde que había dejado a Callum atrás. Dos malditos días, y sentía que estaba perdiendo la cabeza.
Esto del vínculo no era una broma. Era una fuerza viva, pulsante, salvaje. Se aferraba a sus sentidos, los torcía, los arrancaba de la lógica para clavárselos directo al corazón. Le dol