*—Callum:
Cuando quedó a solas con el médico, se giró hacia él con urgencia.
—¿Qué tan mal estoy? —exigió, sin rodeos. Necesitaba saber a qué se enfrentaba. Si iba a jugar sus cartas, debía tener claro el terreno.
Ya había tomado una decisión. No iba a seguir trabajando para los Delacroix. En cuanto pudiera, renunciaría. Y también investigaría sobre la anulación de la marca. Había leído que era posible, aunque ilegal, pero lo haría. Rompería ese vínculo maldito.
El doctor Tate suspiró, visible