*—Callum:
Entró a trompicones a la habitación del hotel que había logrado conseguir y, en cuanto cerró la puerta, Callum se desplomó contra ella. Su cuerpo ardía, temblaba de necesidad, con la piel erizada y los sentidos alterados por el celo que lo consumía desde dentro.
Se había corrido dos veces en el taxi, mojando el asiento y empapando sus pantalones, y la vergüenza lo había hecho pagar extra para evitar preguntas o miradas incómodas. Apenas pudo, se arrastró hasta la recepción y pidió una