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*—Callum:

Se detuvo frente a la puerta del señor Delacroix y aspiró profundo, preparándose para otra batalla silenciosa. Se armó de valor, sostuvo el archivo como si cargara un escudo, y golpeó suavemente la puerta. Esperó los diez segundos de siempre y la abrió.

Como de costumbre, la oficina estaba impregnada de las potentes feromonas del alfa. Una mezcla salvaje, elegante y peligrosa, como si el hombre estuviera al borde del descontrol pese a su apariencia serena.

Callum tragó saliva y cerró
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