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*—Callum:

No sabía qué demonios estaba pasando, pero desde el encontronazo entre los hermanos Delacroix, el ambiente en ese piso se había vuelto insoportable. La tensión flotaba en el aire como una niebla espesa, y nadie se atrevía a nombrarla.

Después del incidente, Callum logró calmarse, entró en la oficina para dejar unos documentos al señor Dominick, pero el alfa no solo seguía molesto, parecía al borde de estallar. Sus ojos, normalmente oscuros, habían vuelto a teñirse de dorado, brillando
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