*—Callum:
Jessie llamó a la puerta y esperó unos segundos. No hubo un “adelante” ni ningún permiso explícito. Callum no escuchó nada, pero era como si Jessie contara mentalmente hasta diez, porque al cabo de ese tiempo, abrió la puerta sin más. Callum hizo otra nota mental.
En cuanto lo hizo, un oleaje invisible, potente y devastador, salió por el espacio abierto.
Callum jadeó en silencio.
Las feromonas del alfa llenaron el pasillo como una tormenta eléctrica. Ese aroma intenso, almizclado y es