Subtítulo:
“Cuando el deseo se convierte en reto, nadie queda sin huella.”
La cabaña estaba envuelta en sombras y el aroma a leña quemada se mezclaba con el calor de sus cuerpos. Kael sostenía a Ariadna contra la mesa, respirando con fuerza, cada músculo tenso, cada vena palpitando bajo su piel dorada. Su mirada ardía, y en sus ojos se leía la necesidad de reclamarla por completo.
Ariadna lo miró, con una sonrisa traviesa y una chispa de desafío en la mirada.
—¿Eso es todo lo que tienes, Kael?