-Annabel-
Esos besos la estaban volviendo loca. Con cada nuevo beso, mi mente más se intoxicaba con Darius y no me dejaba pensar. Ella tenía que razonar, pero no podía… no quería.
De un momento a otro ya no era solo su boca la que la tocaba sino que sus manos también, está empezaron a recorrer mi cuerpo volviéndome loca… aún más de lo que ya estaba.
Mi respiración estaba alterada. ¿¡Este hombre que me estaba haciendo!?
–Basta, no podemos hacer esto. –Susurré contra sus labios.
–¿No podemos?