-Annabel-
El sol apenas empezaba a colarse por las ventanas de la casa cuando desperté. La chimenea estaba apagada, pero el aire aún olía a leña y a algo más… algo cálido y familiar.
Me incorporé lentamente, acomodando las sábanas alrededor de mí. Mis pensamientos aún estaban saturados por las visiones que había tenido con el colgante. Samantha, mi tía Morgan, el pasillo secreto… y la certeza de que ese pasillo escondía a alguien.
Mi corazón latía con fuerza, y aunque estaba cansada, algo dentro de mí me impulsaba a moverme. Necesitaba sentir normalidad, aunque fuera solo por un momento.
En cuanto salí al pasillo el aroma a café recién hecho me atrapó, inhalé profundo y me dejé guiar por él. Llegué a la cocina y allí estaban: Darius, de pie junto a la isla central, sirviéndose café, y Ronan, su beta, sentado con las manos entrelazadas.
—…y luego pasaré por un par de manadas pequeñas —decía Ronan, con un tono firme, pero tranquilo—. Necesito asegurarme de que estén del lado correcto