-Annabel-
La sonrisa de Darius se amplió apenas.
—¿Un poco?
—No te emociones.
—Demasiado tarde.
Rodé los ojos.
—No gracias a ellas.
Mi mirada volvió al grupo de mujeres que seguía reunido al otro lado del salón.
Darius siguió la dirección de mis ojos.
—Déjame adivinar.
—¿Qué?
—Te recibieron con los brazos abiertos.
Solté una carcajada.
—Claro. Fue maravilloso. Creo que encontré a mis nuevas mejores amigas.
—Eso suena preocupante.
—Me llamaron muchachita tantas veces que empecé a preguntarme si