Capítulo 54.

Capítulo 54

Arya.

El aire fuera del túnel era un muro de hielo que me cortó los pulmones. Al salir a la superficie del desfiladero, el silencio fue lo primero que me golpeó; un silencio antinatural, espeso, que olía a muerte y a carne quemada.

Me giré para mirar a los pocos soldados que me habían seguido. Sus rostros eran máscaras de puro terror. No había cuerpos del ejército del Sur por ninguna parte. A lo largo del camino principal, decenas de armaduras yacían esparcidas sobre la nieve, huecas, como caparazones abandonados.

No había sangre, ni restos de batalla convencional. Solo metal frío y un rastro de ceniza negra que conducía hacia el centro de un cráter masivo.

En el centro de esa desolación, lo vi.

Dorian no estaba muerto, pero lo que quedaba de él difícilmente podía llamarse hombre.

Estaba de rodillas, rodeado de una oscuridad que palpitaba como un corazón enfermo, devorando la poca luz que el amanecer intentaba proyectar. Su forma era una amalgama monstruosa: su torso esta
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