Capítulo 55.
Capítulo 55
Arya.
El peso de Dorian sobre mis hombros era más que carne y hueso; era el peso de una manada entera que se desmoronaba. Entramos al Gran Salón rompiendo el silencio sepulcral de una ceremonia que olía a traición. Mis botas, cubiertas de barro y sangre mancharon el mármol impoluto mientras los guardias que me ayudaban depositaban el cuerpo casi sin vida de Dorian sobre el estrado, justo a los pies del trono.
Kendra estaba allí, de pie ante el Consejo, con una túnica de seda blanca que pretendía simular una pureza que no poseía. Se quedó inmóvil al vernos.
—¿Qué es esto? —gritó Kendra, recuperando la compostura con una velocidad envidiable—. ¡Las campanas sonaron! ¡El ritual de sucesión ya ha comenzado!
—El ritual se detiene —dije, jadeando, limpiándome una mancha de sangre del pómulo—. El Alfa ha vuelto.
Un murmullo de horror recorrió la sala. Los nobles no miraban a su líder con alivio, sino con temor. Dorian, incluso inconsciente, emanaba esa oscuridad que parecía devor