Capítulo 53.
Capítulo 53
Arya.
El eco de la tercera campanada aún vibraba en las paredes, un lamento de metal que pretendía sentenciar el destino de Dorian. Pero mi sangre decía otra cosa. Un hilo invisible, tenso y doloroso, seguía tirando de mi pecho hacia las montañas.
—Dorian no tiene permiso para morir —dije, y mi propia voz me sorprendió por la frialdad que desprendía.
Kendra soltó una risa nerviosa, mirando a los guardias del Consejo que habían entrado tras ella.
—¿Te has vuelto loca? Las campanas son ley. El vínculo se rompe cuando el corazón se detiene. Acepta la derrota, curandera.
—Soy una Sangre Negra, Kendra —me acerqué a ella, obligándola a retroceder hasta que su espalda chocó con el marco de la puerta—. Mi vínculo no es una tradición de manada, es una conexión de alma. Si Dorian hubiera muerto, yo habría sentido mi propio espíritu desgarrarse. Sigue vivo. Está luchando. Y mientras él luche, yo no voy a permitir que una oportunista como tú se siente en su trono.
Me giré hacia Caín,