Capítulo 30.

Capítulo 30

Arya.

El río bajaba con una furia inusual, pero para mí, el ruido más fuerte era el de mi propio pecho. El vínculo, ese hilo invisible que me unía a Dorian vibraba con una agonía que me cortaba la respiración.

Caminé por la orilla, buscando raíces de sauce para un ungüento. Cuando de repente, lo vi.

Entre unas ramas en un recodo donde la corriente perdía fuerza, había un bulto demasiado grande para ser un tronco. Mi cuerpo se tensó al instante.

Solté mi cesta y corrí hacia el agua.

—No puede ser —susurré, y el aire se me escapó de los pulmones.

Me metí en el agua fría hasta las rodillas. Al llegar al cuerpo y girarlo, el mundo se detuvo. Mis manos, que habían curado a cientos de desconocidos en estos cinco años, temblaron como las de una niña asustada.

Era él.

Su rostro estaba lívido, surcado por cortes de las rocas y el hielo. Sus labios, esos que alguna vez me sentenciaron, estaban azulados. Pero lo que me hizo ahogar un grito fue la herida en su espalda.

El vástago d
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