Capítulo 29.
Capítulo 29
Arya.
Cinco años de silencio no son suficientes para apagar el eco de un nombre, especialmente cuando ese nombre está grabado en el ADN de los seres que más amas.
Me levanté antes de que el sol saliera. Elara ya estaba en la cocina, su presencia silenciosa era el único ancla que me impedía salir corriendo cada vez que el instinto de loba me decía que el peligro se acercaba.
—¿Has tenido pesadillas otra vez? —preguntó Elara.
—El vínculo está inquieto, Elara. Siento una presión en el pecho que no me deja respirar. Es como si el aire se estuviera volviendo pesado.
—Dorian no es un hombre que sepa vivir en paz, Arya. Ni con los demás, ni consigo mismo.
Ella tenía razón. Dorian nunca fue un hombre de grises; era tormenta o era calma absoluta, y por lo que los mercaderes contaban, la tormenta se lo estaba tragando vivo.
Dorian.
La puerta de mi despacho se abrió. No necesité levantar la vista para saber quién era. El perfume de Kendra inundó la estancia.
—Dorian, cariño... —su