Capítulo 31.
Capítulo 31
Arya.
La fiebre de Dorian se negaba a soltarlo. Su cuerpo, aunque estabilizado, vibraba con un calor que parecía consumir sus huesos.
Me pasé la noche en vela, cambiando los paños húmedos sobre su frente. Cada vez que mis dedos rozaban su piel, una descarga eléctrica recorría mi columna. Era una tortura; tocar al hombre que una vez ardió bajo mi tacto, pero que ahora estaba aquí como un recordatorio viviente de todo lo que perdí.
—¿Sigue igual? —La voz de Elara me sobresaltó desde el umbral.
—La plata es traicionera —respondí sin mirarla, concentrada en lavar la herida de su espalda—. Se ha filtrado profundamente. Su lobo está luchando, pero Morvak siempre fue demasiado orgulloso para rendirse rápido.
—Tienes que sacar a los niños de aquí, Arya. No han parado de preguntar. Sus instintos están despertando.
Me puse de pie, sintiendo el cansancio pesar en mis párpados como plomo.
—Llévalos a la cabaña del jardín. Diles que el paciente tiene una enfermedad contagiosa si es ne