Adrianna sintió un vacío en su estómago. Apretó sus labios y dibujó una leve sonrisa.
—¿Te parece si bajamos a tomar un café? —dijo, señalando discretamente hacia la cafetería que quedaba en el piso anterior. La invitó deseando que aceptara.
—Solo cinco minutos. Así te distraes un poco y te relajas.
Ella dudó un segundo. Tenía mil pendientes, la agenda apretada, y un día entero por delante. Pero algo en su interior, tal vez ese nudo que se aflojó dentro del ascensor le dió un poco más de seguri